Comisaría de la Plaza de los Lobos

Sede principal de la Dirección General de Seguridad franquista, la comisaría de la Plaza de los Lobos fue uno de los principales lugares de represión de la ciudad granadina.

A partir de 1960, la Dirección General de Seguridad situó su sede principal en la Plaza de Los Lobos. Se trataba de un edificio de nueva construcción de cinco plantas que ocupaba la mitad de una manzana delimitada por las calles Duquesa y Misericordia, junto al Jardín Botánico y la actual Facultad de Derecho. Su distribución interna era estrictamente funcional: contaba con un semisótano en el que se encontraban los calabozos; y un primer piso de acceso, con recibidor y despachos repartidos entre éste y los siguientes. En ellos se llevaban a cabo todos los trámites administrativos y policiales, incluidos los interrogatorios.

El patio era un habitáculo estrecho, cubierto por una uralita transparente que permitía la entrada de la luz. Mediante él se accedía a los calabozos y al servicio. Las celdas eran cinco, de dimensiones reducidas (unos cinco metros cuadrados, aunque había unas más grandes que otras). Tenían un ventanuco junto a la puerta de acceso y, como único mobiliario, dos bancos-cama de ladrillo alicatado en los que, quienes habitaron las dependencias policiales, afirman no haber podido estirarse completamente para tumbarse. El servicio, separado de las celdas, no tenía sanitarios, sino que era de los conocidos como de "agujero y posapiés", es decir, un pozo ciego en el suelo. Los detenidos tenían que llamar a voces al funcionario de guardia para que les abriera la puerta y, bajo vigilancia, les permitiera hacer uso de los mismos.

Quienes sufrieron reclusión aquí, coinciden en señalar la suciedad como denominador común. Como afirma Arturo González Arcas "había restos de excremento pegados en la pared... una situación poco higiénica"; "había mugre en las paredes de la celda", afirma Alicia Baches. Las mantas que el régimen proveía a los detenidos para protegerse del frío, estaban raídas y sucias. Ante esta situación, en ocasiones se permitió a los familiares llevarles ropa de abrigo para hacerles más llevadera la permanencia en las comisarías. Una situación de insalubridad que todavía persistiría muerto Franco.

La iluminación se conseguía con una bombilla que estaba permanentemente encendida, rodeada de una malla metálica que impedía que los ocupantes pudieran cogerla y utilizarla para autolesionarse, logrando así, además, escapar de la comisaría. Los alimentos eran servidos en un plato que les pasaban a la celda o en el patio y como cubierto únicamente se les facilitaba una cuchara, evitando tenedores y cuchillos con los que pudieran mutilarse voluntariamente.

 

Fuentes y bibliografía

Alfonso MARTÍNEZ FORONDA et al.: La cara al viento. Estudiantes por las libertades democráticas en la Universidad de Granada (1965-1981), Granada, Fundación de Estudios Sindicales-El Páramo, 2012.

comments powered by Disqus